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Hablan de una epidemia letal de vanidad en forma de melanoma. Y con rabia insisten en que se trata de un tipo de cáncer de piel tan grave como fácil de prevenir. Ese es el tono de preocupación que se repite entre los especialistas e investigadores congregados hasta hoy martes en el congreso anual que la Sociedad Americana de Oncología Clínica celebra en Chicago. Entre advertencias redobladas por la llegada del verano y todas esas ocasiones para exponerse al sol con exuberancia tan concentrada como nociva.
Entre los datos que justifican las advertencias procedentes de Chicago destaca la multiplicación de la incidencia del melanoma avanzado en un 237 % durante los últimos treinta años. Con una especial impacto en Europa, EE.UU. y Australia. Zonas del mundo donde el «glamour» asociado a la piel morena provoca locuras desde el punto de vista dermatológico como prolongados baños de sol o el uso de salones de bronceado, mucho más allá de lo que se considera como una necesaria exposición moderada.
Esta documentada epidemia de melanoma -cáncer que empieza en las células de pigmentación de la piel conocidas como melanocitos y tiene un traicionera capacidad para extenderse a otras partes del cuerpo humano- resulta especialmente grave entre gente relativamente joven. En Estados Unidos, con más de 120.000 casos diagnosticados al año, el melanoma está considerado como el segundo cáncer más común entre adolescentes y jóvenes.
Junto a estos números y advertencias, la cita de la Sociedad Americana de Oncología Clínica también ha puesto de manifiesto la dificultad de hacer frente al melanoma, pese a prometedoras terapias. Ya que según datos facilitados por el doctor Axel Hauschild, del Departamento de Dermatología del centro universitario de Kiel (Alemania), mientras que la mortalidad de los cánceres en general retrocedió un 17% entre 1995 y 2005, los fallecimientos por melanoma se han disparado un 32 %. En Estados Unidos incluso se habla del equivalente a una muerte cada hora, con unos costes multimillonarios cada vez mayores.
Aunque es cierto que existe una predisposición genética al melanoma en algunas personas, sobre la que poco se puede hacer, los especialistas coinciden en que evitar la radiación ultravioleta procedente del sol es el máximo factor de prevención. Con un especial énfasis en controlar la exposición solar en la infancia, al existir una correlación entre quemaduras infantiles y el riesgo de padecer uno de estos cánceres de piel cuando se llega a la vida adulta.
Detectado en sus fases iniciales, el melanoma es altamente tratable. La supervivencia durante cinco años de los casos diagnosticados antes de que el cáncer se haya extendido a los nódulos linfáticos es del 99 %. De ahí la insistencia en la fórmula «ABCDE» para vigilar cambios sospechosos en lunares y manchas de la piel: Asimetría en su contorno; Bordes rugosos; Color disparejo; Diámetro creciente mayor de 6 milímetros; y Evolución de aspecto.
Dentro de las noticias positivas en la lucha contra el cáncer presentadas con motivo del foro anual en Chicago de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (conocida por sus siglas en inglés ASCO) destaca una prometedora terapia experimental contra el melanoma avanzado. El nuevo fármaco, desarrollado por la compañía Bristol-Myers Squibb con el nombre de «ipilimumab» o IPI, funciona estimulando la respuesta inmune de los pacientes. En un estudio clínico con 676 enfermos de melanoma con metástasis, se habría logrado casi duplicar la supervivencia de la mitad. A la vista de esos resultados se espera que antes de que termine este año se presente ante los reguladores de Estados Unidos una solicitud de permiso para su comercialización.
Punciones de mesoterapia para terminar con la celulitis. Inyecciones de productos para rellenar arrugas. Láser para erradicar el vello corporal. Los tratamientos de estética están de moda. Cada vez son más las personas que deciden recurrir a ellos en busca de lo que algunos consideran un cuerpo perfecto. Una demanda que ha hecho florecer centenares de ofertas. Desde peluquerías hasta gimnasios ofrecen este tipo de técnicas que no están exentas de riesgo y que, realizadas por manos inexpertas, pueden causar graves problemas. Ya no son cremitas y ungüentos, sino inyectables y aparatos de abrasión que, muchas veces, escapan de una regulación específica porque se encuentran entre la cosmética y la medicina estética.
El debate no es baladí. Esa frontera determina si esas prácticas debe supervisarlas (o realizarlas) un médico; o si puede hacerlas una esteticista titulada. En esa complicada linde está, por ejemplo, la fotodepilación. Una práctica cada vez más común, que consiste en aplicar mediante un aparato de láser un haz de luz en la estructura del pelo que se quiere eliminar y que, tras la sesión, se debilita o se destruye. Una actividad que implica el manejo de aparatos que pueden resultar peligrosos pero que, sin embargo, no está regulada.
Pero el láser no es inocuo. Si no se usa bien puede provocar dolor, dermatitis, manchas e incluso quemaduras graves. "Hay que saber manejarlo y conocer las características de la persona a la que se va a aplicar", explica Concha Obregón, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). Una sociedad médica que lleva años criticando un "vacío legal" a la sombra del que han brotado decenas de gabinetes de estética o peluquerías que realizan la depilación láser "sin control". Un argumento que comparten las asociaciones de consumidores, que se muestran preocupadas por las consecuencias del vacío normativo.
No existe ninguna ley estatal ni autonómica que regule la depilación láser. Sanidad asegura que es una técnica aún "incipiente" y que, en todo caso, son las comunidades autónomas las que deberían ordenarla. "Tampoco hay apenas regulación internacional", argumenta un portavoz. "Es tal el vacío que el único texto normativo que hay relacionado con la fotodepilación es una norma de Industria sobre el uso de este tipo de aparatos", explica Obregón. Un documento, sin embargo, que incluye desde los punteros láser hasta los aparatos para fábricas.
Pero, por otro lado, a pesar de que la enorme diseminación de la práctica impide que haya cifras de usuarios, sólo hace falta darse un paseo por cualquiera de los centenares de centros de estética, peluquerías o gimnasios que ofertan la "depilación definitiva" para comprobar que esta técnica no tiene nada de embrionario.
Sólo Cataluña ha decidido poner cierto orden en la depilación láser, pero lo ha hecho únicamente en forma de recomendación, ya que no se considera una actividad sanitaria. Esta comunidad ha elaborado un texto en el que aconseja a todos los centros que ofrezcan esta práctica, que sea un médico quien la supervise. Algo inédito en la mayoría de establecimientos que lo realizan.
Para el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín, esa recomendación tiene su razón de ser. "El láser es un procedimiento en el que influyen factores de la salud del paciente. Cuenta mucho su tipo de piel y vello, si ha tomado el sol, o si sigue algún tratamiento médico. Algo que puede parecer tan tonto como tomar antibiótico o un fármaco hormonal puede causar interacciones con el láser y provocar problemas gravísimos", dice Rodríguez Sendín.
La SEME también recomienda que sea un médico quien supervise la depilación láser. Además, añaden, todos los pacientes deben tener un historial clínico en ese centro en el que consten los detalles de su tratamiento, y deben firmar un documento de consentimiento informado, como lo harían en cualquier otra intervención. La técnica, añaden, debe realizarse en un lugar higiénico y tanto la persona que va a manejar el aparato láser como el usuario han de usar gafas especiales para evitar posibles lesiones oculares si algún movimiento erróneo hace escapar un ápice de luz.
Ana Beltrán se ríe cuando se le mencionan las gafas. Esta malagueña de 35 años salió despavorida de una peluquería tras darse tres sesiones de depilación láser en ingles y axilas. "La tercera vez llegué a mi casa con la zona roja y muy dolorida. Me di cuenta de que me podía quemar", cuenta. El establecimiento que había elegido utilizaba la misma camilla para la depilación láser que para la cera. También era la misma persona quien realizaba las dos técnicas. "Me comentó que era peluquera, pero que había hecho un curso. A mí, de primeras, no me pareció mal", dice Beltrán. Y, por supuesto, ni rastro de gafas, historia clínica o documento de consentimiento informado.
Ileana Izverniceanu, de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), explica que hay muchas personas que, como Beltrán, no tienen por qué saber quién, y quién no, puede manejar el láser y con qué medidas de seguridad. "Son las autoridades las que deben regularlo de manera coherente. Mucha gente está acudiendo a centros donde se realiza sin control, con inseguridad para el usuario", añade. Su organización ya ha tenido alguna denuncia de quemaduras provocadas por la depilación láser.
Por no hablar de las ofertas que aseguran una depilación definitiva. Algo "irreal", según Rubén Sánchez, portavoz de la asociación de consumidores Facua. El grueso de las reclamaciones a esta organización vienen precisamente de ahí. "Gente a la que le prometen, por ejemplo, que en cuatro sesiones se elimina el vello y después necesita más", dice Sánchez. En muchos casos, al no haber un documento firmado, sólo una información verbal, el cliente no puede demostrar nada. "Hay que desconfiar de esas promesas verbales si no hay compromiso contractual por escrito", añade.
Ángel Martín, director médico de la clínica Menorca, una de las más antiguas de Madrid, explica que el láser utilizado en muchos gabinetes de estética o peluquerías no tiene nada que ver con el que usan las clínicas. "La potencia no es la misma. En cuanto a efectos perniciosos, si se manejan mal son iguales, pero los beneficios de unos y otros no lo son. Las clínicas de estética suelen usar láseres más potentes y de mayor calidad con los que hacen falta menos sesiones y, por tanto, una menor exposición", dice. Martín también se muestra de acuerdo con la recomendación de Cataluña y sostiene que debería hacerse extensible al resto de España.
Sin embargo, no todos se muestran de acuerdo con ese argumento. Rosa María Cruz Marcos, presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de Esteticistas (Fanae), sostiene que deben ser estos profesionales los que manejen los aparatos láser, como se hace ahora en muchos gabinetes de estética, ya que tienen la formación adecuada para hacerlo. "La depilación es un servicio estético, de belleza, que está incluido en los planes formativos de los profesionales de la estética, que, además de estar preparados académicamente, realizan constantes cursos de reciclaje", sostiene. Cruz Marcos acusa a "peluqueros, médicos estéticos o fisioterapeutas" de "intrusismo". Sostiene que, "cada uno, con una excusa diferente", realizan trabajos "que están dentro de los planes formativos" de los esteticistas. Pero, ¿qué ocurre con los peluqueros que, según las asociaciones de consumidores y las sociedades médicas, manejan estos aparatos? ¿Quién puede o debe manejar el láser? ¿Y otras técnicas?
Alzando un poco el foco sobre las prácticas estéticas más habituales, surgen muchas más actividades en esa problemática frontera entre la cosmética y la medicina. Técnicas ahora en boga, como la mesoterapia, la aplicación subdérmica de productos o los ultrasonidos. "La medicina estética la realizan médicos preparados para evaluar, diagnosticar y tratar los diferentes problemas. Se hace en centros médicos autorizados por las comunidades y se emplean productos aprobados por la Agencia Española del Medicamento", aclara Pilar Rodrigo, presidenta de la SEME.
Pero de ahí viene el conflicto. ¿Qué sucede con todos los productos que no se consideran medicamentos? Inyecciones de productos teóricamente naturales, pinchazos de vitaminas o de ácidos de frutas que actualmente se utilizan para lograr un rostro más lozano y una piel más tersa, exenta de grasa. "La mesoterapia para la celulitis, que consiste en pinchar bajo la piel productos para movilizar grasa y líquidos, se hace en muchísimos gabinetes de estética. Los fármacos que se inyectan deben estar autorizados por Sanidad. Pero a veces no usan medicamentos sino otras sustancias pretendidamente naturales, que tienen riesgo y cuyos efectos, además, no están comprobados", critica Obregón. "Por no hablar del relleno de arrugas, que ahora se oferta en muchos sitios. Hay que informar al paciente de qué se le está poniendo y éste debe firmar el consentimiento y llevarse a casa una copia de ese documento explicativo", añade. Sin embargo, Obregón sostiene que en muchos centros de estética usan sustancias que son, en realidad, fármacos y que, por tanto, sólo podría administrarlos un médico. "Nos consta que el ácido hialurónico, por ejemplo, se está poniendo en cantidad de gabinetes de estética. Es tremendo", dice.
Un debate similar llevó a endurecer la normativa sobre el uso de la toxina botulínica; el botox que tan famoso se ha hecho por su capacidad de borrar las arrugas. Su utilización está regulada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Sólo los médicos pueden inyectarlo y su comercialización está muy controlada. Cada facultativo tiene una cantidad limitada del producto al año. Esta sustancia, que alisa los rostros paralizando los músculos depresores, puede provocar enormes efectos secundarios si no se inyecta correctamente.
Sin embargo, la SEME asegura que aún se inyecta en centros clandestinos. Concha Obregón relata que hace sólo unos días llegó a su clínica de Santander una paciente con un ojo asimétrico víctima de un pinchazo de botox mal hecho en un gabinete de estética. "Quería ver si podíamos arreglarlo", dice. A pesar de los controles sanitarios, son muchas las webs que venden la toxina botulínica. "Que sea de calidad o, incluso, que sea verdadero es otra cosa", alerta Obregón.
También el director médico de la clínica Menorca recuerda a algún paciente que llegó a sus manos para que reparase los estragos que una incorrecta administración de la toxina le había provocado. "El problema de todo esto es que cuando el paciente se decide a denunciar el botox, sus efectos han desaparecido", explica Ángel Martín. Los efectos paralizadores de la toxina botulínica duran unos meses.
Tanto Obregón como Martín aseguran, sin embargo, que, gracias al endurecimiento de la normativa de uso del botox, los casos de pacientes que buscan su ayuda para reparar pinchazos mal hechos se ha reducido. "El paciente se ha hecho cada vez más consciente de que es un producto peligroso que sólo puede ponerte un médico", dice Martín. Considera que España está lejos del ambiente que se vive en EE UU, donde, al igual que han florecido los establecimientos de arreglo de uñas, hay gabinetes donde se puede uno poner una inyección de botox a la hora de comer y sin pedir siquiera cita previa.
La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) ha elaborado una serie de consejos para una depilación láser más segura:
Las asociaciones de consumidores urgieron ayer al Gobierno de Aragón y al Ministerio de Sanidad a regular la depilación láser con una normativa específica. Además, tanto estos colectivos como la Sociedad Española de Medicina Estética realizaron una advertencia a los usuarios de esta técnica para acabar con el vello corporal: los tratamientos deben ser supervisados por un médico.
Las reacciones a la sentencia emitida por la Audiencia Provincial de Zaragoza en la que se obliga a pagar más de 8.000 euros a uno de estos centros por ocasionar quemaduras de primer y segundo grado a una paciente no se han hecho esperar. La resolución judicial establece que no se siguió el protocolo de forma correcta al no realizarse una prueba a la piel de la paciente, "obligatoria" en cada sesión. Es decir, el tribunal marca un criterio que estos centros deben seguir ante el vacío legal existente. De hecho, en todo el país solo Cataluña ha emitido una serie de recomendaciones --no obligatorias--.
Por eso los colectivos de consumidores reclamaron ayer que se regule el sector. La Unión de Consumidores de Aragón (UCA) recomienda a las personas que deciden hacerse una depilación con láser que elijan un centro médico especializado y regulado, con personal titulado y cualificado y con seguro de responsabilidad civil. "Es conveniente que el aparato se maneje bajo control médico, así éste podrá paliar posibles efectos secundarios que se produzcan", indicaron desde la asociación.
"Los mayores riesgos se producen en establecimientos de peluquería o centros de estética, donde existe un gran vacío legal. En caso de optar por una peluquería o centro estético que, casi siempre, resultan más económicos, previamente es preciso consultar al médico por si, según su historial médico, la depilación con láser pueda tener alguna contraindicación", añadieron las mismas fuentes.
Los principales motivos de las quejas que ha recibido la UCA están relacionados con la escasa información que se suministra al consumidor y por la "publicidad engañosa", que promete resultados definitivos "que muchas veces no lo son tanto".
La técnico de Consumo de la asociación Torre Ramona, Lucía Germani, coincidió en reclamar también una regulación específica para el sector. "Sobre todo recomendamos que el tratamiento sea supervisado por un médico y que se realice un historial previo", indicó.
La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) también ha advertido en numerosas ocasiones del peligro que supone someterse a un tratamiento de depilación con láser sin control médico, puesto que pueden presentarse complicaciones para la salud si la fotodepilación se realiza por personas que no tienen la formación adecuada.
Por eso, la sociedad también insta al Ministerio de Sanidad y a las comunidades a que aprueben las reglamentaciones adecuadas para garantizar las máximas condiciones de seguridad.
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